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Iván Davidovich sonriendo durante la entrevista, utilizando su sistema para hablar con los ojos.

Hablar con los ojos: la historia de Iván Davidovich – Infobae

“Hoy hablo con los ojos, pero siempre tuve algo para decir”. Con esas palabras, Iván Davidovich resume una vida marcada por la resiliencia, la tecnología y el profundo deseo de comunicarse. Su historia comienza con una hipoxia al nacer que cambió para siempre el rumbo de su familia. Esa falta de oxígeno derivó en una parálisis cerebral que afectó su movilidad y su habla, pero nunca su deseo de vivir, estudiar, trabajar y construir vínculos. Para Iván, hablar con los ojos se convirtió en una forma real de existir y hacerse escuchar.

Una vida marcada por la hipoxia al nacer

Iván nació en el límite. Su mamá también estuvo en riesgo. Lo que parecía un parto normal se volvió una emergencia: un útero roto, pérdida de sangre y la falta de oxígeno que definiría su vida. A la incertidumbre inicial se sumaron otros golpes: mientras él peleaba por sobrevivir, su papá fue asaltado y herido. Sin embargo, entre diagnósticos y miedos, Iván creció rodeado de una familia que lo impulsó a avanzar paso a paso.

Desde pequeño, la mirada fue su primera forma de comunicación. Con los ojos preguntaba, respondía y se reía. Aunque no pudiera hablar con la boca, siempre tuvo algo para decir, y sus ojos fueron la puerta a su libertad.

Infancia, lucha y primeras formas de comunicación

Un recuerdo lo marcó para siempre: a los cuatro años deseaba una pista de autos con un cocodrilo. Quería decirlo, pero no encontraba cómo expresarlo. Aunque su familia aprendió a interpretar sus gestos, no existía un gesto para ese deseo. Ese momento le mostró, con una fuerza inesperada, lo que significa no poder decir lo que uno siente.

También enfrentó prejuicios desde pequeño. Una maestra integradora le dijo directamente que “no iba a poder seguir en la escuela”. Pero el jardín lo recibió con naturalidad y sin pedir explicaciones. Allí encontró pertenencia, juego y un espacio donde podía ser él mismo.

El camino hacia la comunicación aumentativa

Con un equipo comprometido, comenzó a explorar sistemas de comunicación aumentativa y alternativa (CAA). Probó teclados caseros, botones, joysticks adaptados y tabletas especiales. Incluso manejaba una pantalla con la nariz. Mientras tanto, aprendió a leer y escribir letra por letra, sostenido por el deseo de hacerse entender. Más tarde, en la secundaria, tuvo que volver a demostrarlo todo en un entorno más exigente, pero se graduó con honores entre más de mil estudiantes.

Ese camino lo llevó a estudiar Diseño Multimedial y crear su propio emprendimiento. Su objetivo es claro: que nadie más quede en silencio. Que cada persona tenga acceso a herramientas para hablar con los ojos y expresar lo que siente y sueña.

Aprendizajes, silencios y transformación

El silencio también le enseñó. Le mostró que una pausa puede decir más que un discurso, que hay belleza en lo simple y que no existe una única forma de comunicar. El silencio lo formó y también lo impulsó a defender el derecho de todas las personas a tener una voz propia, aun cuando esa voz no venga con sonido.

Vida social, deseo y mitos sobre la discapacidad

Iván vivió una vida social activa: salidas, campamentos, amistades, viajes y amores. Aclara que también tiene deseos, fantasías y humor, y que la sexualidad es parte de cualquier persona, con o sin discapacidad. Rompe el mito que asocia discapacidad con asexualidad y afirma sin rodeos que el deseo es un derecho.

Barreras, derechos y la verdadera inclusión

Para él, la inclusión dejó de tener sentido cuando se volvió una palabra vacía. Señala que las personas con discapacidad aún no pueden vivir con dignidad en muchos espacios: faltan rampas reales, baños adaptados, señalización visual y sistemas de comunicación accesibles. La inclusión no debería ser una promesa ni un slogan, sino algo que se vive sin tener que pedir permiso.

El trabajo actual de Iván y su misión

Hoy asesora a familias, escuelas y profesionales para encontrar formas de comunicación posibles para cada persona. Acompaña procesos en varios países y trabaja con tecnologías asistidas, tableros, pictogramas y dispositivos de CAA. Su misión, como él dice, es ser “la puerta a la libertad”.

Sueños, futuro y la fuerza de una mirada

Iván sueña con formar una familia, con ser padre y con construir un futuro donde no tenga que demostrar ni explicar constantemente. Se imagina trabajando, viajando y abriendo caminos para otros.

La tecnología que le permite hablar con los ojos

Su sistema actual funciona mediante seguimiento ocular: un infrarrojo detecta hacia dónde mira y esa información se traduce en acciones en pantalla. Así escribe, trabaja y se comunica letra por letra. Para él, esta tecnología transformó su vida y le dio la posibilidad de hablar con los ojos de una forma plena.

Conclusión

La historia de Iván muestra cómo la comunicación puede cambiar destinos. Con oportunidades, herramientas y confianza, una mirada puede transformarse en una voz poderosa. Hablar con los ojos no es una limitación: es una forma auténtica y digna de existir.

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